Sabores de Paria de Tamara Rodríguez
miércoles, 9 de septiembre de 2020
lunes, 6 de abril de 2020
DESTERRADA, EXILADA, EMIGRADA, SIN PALABRAS
Nunca me imagine fuera de Venezuela. No fue una ilusión para mi.
viernes, 8 de abril de 2016
VEINTE AÑOS EN PARIA Y UNA NIETA CARUPANERA
Hace veinte años llegué a la Península de Paria para quedarme y no lo sabía.Sucre había sido hasta entonces una referencia de mi infancia en un tránsito hacia Margarita, cuando a los siete u ocho años, pasé unas vacaciones con mi familia en el entonces Hotel Cumanagoto de Cumaná... tiempos de la Conahotu, cuando Venezuela era Un país para querer y todavía no era El secreto mejor guardado del Caribe. Playa Colorada el ícono de nuestras playas y la autopista a Oriente, todavía hoy inconclusa, un supuesto proyecto de país.
Muchos años después,con el entusiasmo de los cuentos de Alfredo Maneiro y de David Paravisini, pasé varias vacaciones con mi hijo Rodrigo en Chacopata, donde acampamos muchas veces y supimos que una piqueta nos permitiría descubrir que Araya era una mina maravillosa de fósiles, pueblos como Manicuare, Salazar y la Angoleta. Que bastaba una pequeña inmersión para comer erizos frescos, pescar cachorretas y yucas y entregar dósis de felicidad a los niñitos que curioseaban nuestra carpa cuando decidimos regalarles una piñata.
Conocímos a Ignacio Arenas, escultor del barrio Las Palomas de Cumaná y supimos de su boca que los calamares también se llamaban lurias y que la bondad de este pueblo no nos abandonaría nunca jamás.Hoy Rodrigo es biólogo y cocinero y vive en Australia con sus dos hijitos y Gabriela.Y el país le duele.
Luego le tocó el turno al segundo hijo, Andrés, hoy periodista y cocinero de 30 años, dos hijos venezolanos y españoles y una esposa valenciana, Daniela, pero en aquel entonces celebró su primer mes y medio de vida en un apartamentito de Playa Grande, a la entrada de Carúpano, arrullado por los vecinos que día y noche nos machacaban con la canción de moda que decía algo sobre un cigarrito y un café. Hicimos una excursión hasta El Morro y Guiria, sin pasar por el Río Caribe donde vivo, y al regreso encontré todos los teteros quemados pues olvidé apagar la cocinilla eléctrica.Esa fue la primera olla que quemé en Paria.
Añísimos después, con Juan, mi marido y socio desde hace 27 años, jugamos con la idea de hacer de las arcillas de esa península de ocres inimaginadosque es Araya, las paredes de nuestra casa.
Pasó el tiempo y un viaje de amigas nos llevó a la otra península, a Paria, a San Juan de las Galdonas, a dónde nos mudamos días después del terremoto de Cariaco sin que una sola duda me ensombreciera el alma.
Fernanda, la tercera hija, tenía seis años.
Hoy, a sus 25, acaba de parir a Afeni Araía, mi primera nieta que acaba de nacer en Carúpano, por decisión de su madre caraqueña.
Nunca lo imaginé. En este país estremecido, tembloroso y dividido, irreconocible y esperanzado, tengo una nieta que habla de nuestra decisión de familia de hacer de Paria y sus sabores una ilusión, un proyecto, un hecho. Tengo una nieta de cacao, el producto que ha guiado nuestros pasos en la cocina, la manteca que untó la panza de mi hija en su embarazo, los bombones hechos aquí con los que celebramos su vida, lo que nunca falta en mi maleta cuando viajo y cocino.
No sé cómo agradecerle a mi hija tanta alegría. Ni a mis hijos que su segundo oficio escogido los haga llevar los sabores de este país donde nacieron en cada paso que dan por el mundo.
En veinte años cocinamos muchos proyectos... una biblioteca en San Juan, una radio que yo quise en un barco pero que terminamos armando en Río Caribe y que acaba de cumplir ya no se si 13 o 14 años, un periódico, un restaurante, un empeño con la sarrapia, con la pimienta de guinea, con morcillas y chorizos, un mostrar el patrimonio gastronómico que aquí encontramos, una tristeza imposible de llevar por tanto abandono y narcotráfico, un compromiso de alegría que es continuar mostrando lo bueno que hay.
Paria sabe a ron, a cacao, a especias, a multiculturalidad, a la esperanza de bienestar que quiero para una nieta cuyos nombres significan Salud y Promontorio que avanza hacia el mar. A un país lo mueve la esperanza, el compromiso, el trabajo con la comunidad y la decisión irrevocable de su gente de hacer solo lo mejor desde el espacio que ocupa. El mío es la palabra, la cocina y la honestidad.
lunes, 1 de diciembre de 2014
Llano adentro, emociones afuera
Escribo esto desde el llano. En los últimos dos meses he recorrido mas de ocho mil kms de país, que en mi caso particular significan una mezcla de carretera, sabores y nuevos afectos. Como no he escrito de cada destino trataré de recordar algunas paradas que se grabaron en mi vida por el significado que cada hacer, a mi parecer, tiene en la vida de otros.
Fui a La Guardia, en Margarita, como jurado de un concurso de mejillones que organiza anualmente Margarita Gastronómica y quedé conmovida y admirada por el trabajo de Pilar Cabrera y Niels Petersen de Casa Mejillón.
Se nota a leguas que hay una relación profunda con su comunidad, que hay un empeño diario por generar y compartir bienestar. Hubo propuestas repetidas, algunas divertidas como la de la señora que hizo un chantilly de mejillón blanco y rojo… estoy segura que c ada año las recetas serán mejores y lo importante es que el evento se siga repitiendo y que con el curso natural del tiempo y acompañamiento en la formación, la gente se preocupe por cocinar bien su maravilloso producto, hacer de él un legado de familia, una posibilidad de ingresos para la economía local y un punto de atracción para los visitantes.
De Margarita Gastronómica no sé ni qué decir… tengo la mas sana de las envidias por los resultados de un hacer tesonero que está marcando un hito al mostrar el patrimonio gastronómico del destino turístico más visitado por los venezolanos. El bonus track de este viaje fue el chutney que me preparó mi amigo Terry con unas frutas de nuez moscada cultivadas en Paria que yo llevé y el consentimiento de Linda, su esposa y amiguísima querida con la que siempre me divierto.
Luego fui a Valencia invitada por Luis Brunicardi, del grupo de amigos del Hospital de Niños y junto a Armando y María Fernanda Di Giaccobe gozamos un puyero cocinando con cacao y chocolate para una cena que estuvo llena de gente que disfrutó la comida y contribuyó con el proyecto. La organización fue impecable y un botón mas de la generosidad de la gente y la calidad de su compromiso con proyectos que ayudan a mejorar la calidad de vida de otras personas.
Antes y después del viaje a Valencia fui jurado de la semifinal y final del concurso de la empresa Kakao Real que todos los años celebra su aniversario con este evento y charlas y catas alrededor del tema del chocolate. Cada octubre de los últimos cuatro años he recibido esta invitación de Marlene Berrios con una inmensa curiosidad por lo que veré y probaré y con las ganas de que el año siguiente incorporen al concurso platos salados hechos con cacao o sus productos. Tanto buen cacao aún en el país y tan poco que lo hemos explorado.
Debo confesar que pese a mi entusiasmo, si probar 14 platos de mejillón diferentes me pareció una barbaridad en Margarita, no se pueden imaginar lo que fue degustar 23 postres de chocolate en un solo jalón. De un día así uno sale entre indigesto e intoxicado de felicidad. Solo pude hacerlo porque mis compañeros de jurado fueron todos muy divertidos, atinados en sus observaciones hacia estudiantes y oficiantes que concursaron y al igual que yo están todos enamoradísimos del chocolate, como Brian, de La Praline, y Sammi, de Pastelería Mozart, dos personas que no conocía y a las que me gustaría seguir viendo en mi vida. A veces me parece increíble que en un país lleno de desatinos, inequidades, inseguridad, profundas diferencias políticas, rabia, corrupción e intolerancia entre las partes, yo pase semanas siendo parte solamente de cosas positivas, gente que trabaja con entusiasmo, que promueve proyectos maravillosos y que al igual que yo se puede quejar amargamente de esto o de aquello pero prefiere batallar y generar espacios de crecimiento ciudadano y posibilidades de bienestar para otros.
Con la boca aún empegostada de chocolate y Juan Sará de compañero comenzamos los preparativos para unos días de cocina pariana en Café Casa Veroes. Este restaurante queda en la Casa de Estudios de la Historia de la Fundación Polar en el centro de Caracas. Su chef, Edgardo Morales, es un cocinero joven al que admiro por su rica sazón y por su curiosidad, porque es de los pocos que conozco que hace de verdad verdad cocina de mercado y se patea Quinta Crespo semanalmente. Quinta Crespo es parte de mi historia porque cuando era pequeña y preguntaba cómo nacían los niños mi papá siempre me respondía que los compraban en el mercado y que a mi me habían conseguido con la cara toda arañada de un guacal en el mercado de Quinta Crespo. Ese cuento lejos de crisparme me mataba de la risa y me imaginaba de lo mas felíz asomada en uno de esos sacos de yute que usaban en mi casa para ir al mercado de Guaicaipuro, que nos quedaba mas cerca y al que íbamos semanalmente.
Me gusta mucho Casa Veroes. La comida es rica, la casa hermosa con su verde jardín que hace que uno se sienta comiendo al aire libre, me gusta entrar en la librería… esta vez compré cuentitos preciosos y a buen precio para los nietos y un libro de química de los alimentos que me tiene encantada y es un reto a mi memoria universitaria, pero lo que más me gusta, definitivamente, es regresar al centro. Trabajé aaaaños de Marrón a Pelota en la Agencia France Presse y mas jovencita aún en el Banco Hipotecario de Crédito Urbano que quedaba en la esquina de El Chorro dando clases de inglés y aprendiendo a defenderme de los piropos de los obreros que trabajaban por ahí. Pese al exceso de propaganda gubernamental, encuentro al centro renovado y precioso y lamento que haya personas que no se atrevan a visitarlo y se priven así de un espacio urbano que nos pertenece a todos.
Los días de Casa Veroes fueron un trabajón y una gozadera. De Oriente nos trajimos el chutney de fruta de nuez moscada, chorizos riocariberos, morcillas carupaneras, los chocolates de los Franceschi, los rones de Destilería Carúpano, la pimienta de guinea, la sarrapia, el picante y el ají dulce y el papelón. Carlos Rodríguez nos trajo sus patos reales de Apure para cocinarlos con chocolate y kumachi de Canaima, y jau jau, un casabe relleno de queso llanero y azúcar que hace la señora Georgina en La Negra, un pueblito de carretera en Guárico donde también venden casabe, pan de horno y babo salado.
Casi sin tregua nos enrumbamos para el sur, compramos mereyes pasados y cristal de guayaba donde las Wulff, las tías de Karla Herrera, en Ciudad Bolívar y volamos de Puerto Ordaz a Canaima para cocinar en un evento privado en Waku, una posaba preciosa frente a la laguna de Canaima. Dormimos tres noches en el hotel de Venetur y nos dio mucha pena a Juan y a mí saber que todo el mundo, incluida la población pemón, se está yendo a trabajar a las minas que hay dentro del Parque Nacional Canaima. El tema minas es una roncha de largo aliento que ha sembrado uno de los espacios mas bellos del planeta de cráteres, miseria y contaminación con mercurio. Coincidimos con el final del rodaje deuna película protagonizada por Edgar Ramírez, un remake de un film cuyo nombre no recuerdo. Contradicciones me sobran, quedé aterrada por la cantidad de helicópteros que me enteré estuvieron aterrizando en el tepuy donde grabaron. No abundo en detalles porque no los conozco pero entiendo que nos pasamos las leyes por la naríz cada vez que nos place y que la protección del ambiente no es tema de prioridad nacional. Tampoco la protección de la fauna silvestre, cosa que veo con furia cada vez que voy de Caracas a mi casa yveo, llegando a Piritu la venta de pajaritos, loros y araguatos bebé a metros de la policía, que al uno reclamar responde que eso es competencia de la Guardia Nacional.
En fin, trabajamos, amanecimos y nos acostamos frente a los cuatro saltos que tiene la Laguna de Canaima, fuimos felices hasta el agotamiento en la cocina y nos regresamos cuatro días después para pasar de refilón por Río Caribe y cocinarle a los chocolateros invitados por María Fernanda a conocer el país, con ese enorme entusiasmo que le ha puesto a su empresa Cacao de Orígen. Con una dormidita en Caracas nos enfilamos a La Puerta para una velada de música y sabores compartidos con nuestros queridos Xinia y Peter, de Mérida, en casa de nuestros anfitriones del Hotel La Cordillera. Laura y Ricardo son un encanto, me siento en casa en ese lugar. Cocinamos rico y relajados, compartimos cuentos y vinos.
La cantante que nos acompañó en la cena se llama Anny Cauz y tiene una voz preciosa. Y otro bonus track, nos regaló un hermoso disco y al día siguiente cerramos comprando unas ollitas primorosas cerca del hotel.
De La Puerta nos fuimos a encontrarnos con Valentina Quintero y @arianuchis en Calabozo. No pudimos hacer el viaje en una sola jornada. Nos fuimos vía Boconó por una carretera hermosísima que no conocíamos, así que cuando nos agarró lluvia sin sol decidimos dormir en Campo Elías. Portuguesa me pareció tan bonito y prolijo como Yaracuy. Todo arregladito y limpio, al menos a la vera del camino. Las carreteras decentes hasta tomar la vía Tinaquillo a Dos Caminos que fue el propio huecocross.
Por fin llegamos a Calabozo como a las dos de la tarde, bastante desrrengados y las chicas, junto a nuestra anfitriona Sorelia Franco nos recogieron en El Rastro para llevarnos a La Casona en la Hacienda Campo Claro cerquita de Guardatinajas. Cuando digo cerca, es cerca, porque cuando un llanero dice cerca para mi es lejíiiiiiisimo.
Pasamos cinco días entre Guárico y Apure y quedé enamorada de llano para siempre. Hacía siglos que no iba a los llanos y de no vivir cerca del mar creo que es el lugar donde me gustaría estar. 360 grados de plenitud y horizonte abierto. No soy fanática de la carne de res pero en el llano todo me supo diferente, empezando por ese olor a mastranto que lo recibe y lo despide a uno cada día. Me atapusé de quesadillas en Corozopando, de pan de horno de EL Gaybal, conocí a la Georgina del jaujau de mis amores, comí catalinas negrísimas rellanas de dulce de lechoza y piña, probé los mejores dulces de cabello de angel, brandy y piña y cascos de guayaba de Gardaatinajas, le compré una piñata de tapara a mi nieto Bruno que cumplía su primer año, me enamoré, igual que Valentina, de Iván, el cocinero italiano del Best Western en Calabozo y quedé seducida por Cándida y sobre todo por esa doña Bárbara llena de amor y humor que es Sorelia. Ahora solo quiero regresar.
Valentina inventó que Juan y yo nos fueramos ahí mismito, rapidito a El Cedral y fue un viaje interminable por la distancia pero que yo hubiera querido prolongar para seguir viendo esteros, garzas, gabanes y palmas llaneras. Fuimos dos veces a San Fernando, una para ver el Palacio de los Barbarito y otra porque nos equivocamos de entrada.
El Cedral me pareció un paraíso de pajaritos desde mínimos hasta el enorme garzón soldado que vimos cuidando el nido sin dejar de cortejar a su dama.
Nunca vi tantos chiguiritos sueltos ni entendí con tanta nitidez lo que significa decir que algo huele a chiguire, foooooo. Extrañe cada segundo a mi hijo Rodrigo, que fue guía en ese lugar hace mas de ocho años, justito antes de irse a Australia. Hubiera sido una maravilla de viaje tenerlos con nosotros a él y a Gusa. Tienen muchos conocimientos y saben explicar.
Es hora de dormir...luego seguiré el viaje, y el cuento.
lunes, 16 de mayo de 2011
ABRAHAM SALCEDO, JUGLAR DE PARIA
Conocí a Abraham Salcedo en una plaza de Tunapuy, al sur de la Península de Paria, hace unos años. Me conmovió hasta los huesos su historia, su manera de cantar. Lo he visitado poco desde entonces, quizá un par de veces, y me deja siempre fascinada esa mezcla de tesón y tristeza alegre que se debaten en su mirada. Se le nota a lejos el oficio de poeta. Se le nota de bien lejos que su talento ha sobrevivido muchos malos tratos. En esta última visita le pedí que cantara algo propio, una redundancia mía pues suele cantar sus propias composiciones, algo pues, en lo que hablara sobre la gastronomía.
Este es un regalo que me hice a mi y que comparto con Uds. un lunes en el que amenaza llover. un lunes en el que yo lluevo por dentro.
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jueves, 3 de marzo de 2011
RETRASOS
Hace unos dìas me di cuenta que he escrito desde mis dos cuentas en g mail y no todo lo qu escribì apareciò aquì...en fin... no se còmo remediarlo pero igual quisiera dar cuenta de todos mis retrasos.... quisiera contar de leo felipe campos, de Gabriel y Susana que me han soportado tres semanas, de nuestro proyecto de la provincia se revela y se rebela, de esta Caracas que amo y desamo, de mi terror de agarrar la carretera a Oriente en medio del bululu de Carnaval, de la chica polaca, Kasia, que no conozco y llegó a mi casa, de las horas que he pasado limpiando echalotes y escuchando a José y sus soledades, de las furias de mi marido, de los desencuentros con la vida, de cómo extraño mi cama luego de un mes... pero de nada escribiré hoy, sólo este recuento de fuegos, el agradecimiento a la vida y sus ausencias, de lo que quiero escribir y no hago, de lo quiero cocinar y no cuezo pero de esta presencia que quisiera y que en unas horas apuntaré con unas fotos para ratificar mi compromiso de vida con el fuego
lunes, 14 de febrero de 2011
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